Relajación uterina a través del Qigong

julio 25, 2010  
Publicado en Artículos

Publicamos este interesante artículo que nos envió Federico Fava, su autor.

Relajación uterina a través del Qigong

Para lograr el relajamiento uterino, además de tejido muscular hace falta el deseo sexual y un determinado desarrollo de la sexualidad de la mujer; por eso no podemos conformarnos con el útero de los ginecólogos ni con la tecnología médica que consagra la maldición divina de parir con dolor. Porque ahí está la gran diferencia. El útero de una mujer que no ha sido sexualmente reprimida desde la infancia, funciona perfectamente, produciendo placer y no dolor; pero el útero de una mujer cuya sexualidad se ha paralizado desde niña, funciona de una manera patológica y con dolor.

Desde niñas, las madres – y los médicos, lamentablemente – enseñan que la regla duele y los partos mucho más. La información que se da es que para dilatar el cuello del útero para que nazca un bebé, hacen falta unas contracciones muy fuertes, y que eso es inevitable que duela. Sin embargo, para Frederik Leboyer las llamadas contracciones de dilatación “inevitables” del parto son algo altamente patológico y no normal: ¿Qué hace sufrir a la mujer que da a luz? … la mujer sufre debido a las contracciones… unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño atroz, ¡pero son calambres! todo lo contrario de las “contracciones adecuadas”. ¿Qué es un calambre?, una contracción que no cesa, que se crispa y se niega a soltar su presa y, por lo tanto, no “afloja su garra” para transformarse en su contrario: la relajación en la que normalmente desemboca. En otras palabras, lo que hasta ahora se había tomado por contracciones “adecuadas” eran contracciones altamente patológicas y de la peor calidad. ¡Qué sorpresa y qué revelación!.

El parto duele porque los músculos uterinos de las mujeres que crecen con el útero inmovilizado, no desarrollan la capacidad de distensión y la fuerza que debieran tener. Los músculos que no se usan se atrofian y se agarrotan; y viceversa, todo el mundo sabe los entrenamientos constantes y los ejercicios que hace cualquier deportista para desarrollar y mantener a punto su esqueleto muscular. Y también sabemos lo que duele extender un músculo rígido y contracturado.

Es el dolor que vulgarmente conocemos como “calambre”, como dice Leboyer. Y calambres son las “contracciones de dilatación” que tanto hacen sufrir a las mujeres. Algo patológico, no normal. Porque parir, gracias a la represión de la sexualidad de la mujer, a la anulación de su sexualidad desde su infancia es, en efecto, como cavar una zanja con un brazo que hubiese permanecido inmovilizado durante toda la vida hasta ese momento, después de haber vivido sin saber que se tenía ese brazo ni para qué servía; o sea. Fuera de nuestra conciencia; un brazo cuyos músculos, en el momento de coger la azada para cavar, si están rígidos y contracturados. Imaginemos lo que sería recuperar la elasticidad de un brazo de una persona adulta que hubiera permanecido inmovilizado toda su vida; imaginémoslo y desaparecerá la perplejidad que nos produce hoy el hecho de que se pueda parir sin dolor; es decir que un útero que no ha permanecido inmovilizado, pueda distender sus haces de fibras musculares y abrirse suavemente, sin contracciones patológicas. De la misma manera que todos los días estiramos los brazos suavemente y sin dolor.

Sabemos que la oxitocina que se inyecta en vena para provocar o acelerar un parto, es la misma hormona que segregamos durante la excitación sexual. Es decir, que la hormona que segregamos naturalmente cuando aparece el deseo sexual, es la que la Medicina utiliza como oxitócico para provocar las contracciones del útero; no han encontrado otra cosa; y la fabrican en laboratorios químicos. No tratan de impulsar o de desencadenar el deseo sexual: semejante cosa no tiene nada que ver con el parto, sería cosa de mujeres pecadoras y lascivas. Por eso lo inyectan a grandes dosis bombardeando al pobre útero y haciéndolo contraerse con espasmos violentos.

Por otra parte, la mujer que pare en el hospital está en las antípodas del abandono al deseo sexual: muerta de miedo, atada y desparratada encima de una mesa, rodeada de personal médico cuya proximidad no es por la vía de la intimidad personal sino del experto en tecnología médica que trata en el mejor de los casos como una enferma sujeta a su autoridad.

Pero todavía hay más; la sexóloga y psicoanalista Marise de Choisy afirma que el orgasmo femenino auténtico no se ubica en el clítoris ni en la vagina. Tiene su origen en el cuello del útero. Si el orgasmo femenino auténtico se origina en el cuello del útero, es porque sus fibras musculares, firmemente apretadas como decíamos antes, tienen que ir aflojándose, extendiéndose, relajándose, de oleada en oleada, cuando la mujer va a dar a luz, para abrir la puerta de salida del feto. Así podríamos decir que el dispositivo de cierre y apertura del cervix no es otra cosa que el proceso de excitación sexual y el orgasmo de la mujer. Puesto que, efectivamente no es el dolor; sino el placer, lo que hace rodar la rueda de la vida.

Entonces el parto duele porque a la rigidez muscular se le suman la ignorancia – de lo que es un parto y de la propia sexualidad- y el miedo; ignorancia y miedo que no existirían si las mujeres desde niñas hubieran desarrollado y compartido las experiencias de su sexualidad; ignorancia y miedo que en las actuales condiciones bloquean el desarrollo de la excitación sexual de la mujer que va a dar a luz, y hacen que su cuerpo vaya en contra en lugar de a favor del proceso del parto.

Pongamos, por ejemplo, que todas las mujeres creyesen que todo coito es una violación dolorosa y que ignorasen que podía ser una actividad sexual placentera; también la ignorancia y el miedo produciría en la mujer una tensión incompatible con la producción del deseo sexual, y el coito sería efectivamente siempre doloroso. El resultado de la conjunción de esta ignorancia y de este miedo con la realidad de la rigidez del útero, deja muy atada la ley de parir con dolor, la maldición divina.

Al adquirir la posición erecta, el plano de inclinación del útero de la especie humana, se hace casi vertical, quedando el orificio de salida hacia abajo, sometido a la fuerza de la gravedad. Esto requirió un aumento de la cantidad y de la calidad de las fibras musculares del cuello para cerrarse fuertemente y sujetar 9 u 11 K. de peso contra la fuerza de la gravedad; y al mismo tiempo, tener la capacidad de relajación hasta la apertura de los famosos 10 cm. de diámetro. Lo cuál a su vez implicó un perfeccionamiento del mecanismo que activa la apertura; el aumento de las terminaciones nerviosas, de las articulaciones neuromusculares, y en definitiva de la sensibilidad para aumentar el grado de excitación sexual y del movimiento de distensión y de relajación muscular.

Por eso todo orgasmo femenino se ubica, al menos en su origen, en el cuello del útero. Porque el orgasmo fue un invento evolutivo para accionar el dispositivo de apertura del útero. Esta es la opinión contrastada con Juan Merelo Barberá.

El útero es el centro del esqueleto erógeno de la mujer. Filogenéticamente está preparado para funcionar produciendo placer y no, dolor, lo mismo que está filogenéticamente previsto que el coito sea placentero.

Lo que no está filogenéticamente previsto son las violaciones, es decir, las relaciones de poder de nuestra sociedad que obliga a hacer funcionar el aparato reproductor de la mujer sin deseo y sin proceso de excitación sexual. Como tampoco está previsto filogenéticamente, en el continuum de la especie humana, que una mujer se haga adulta sin desarrollar su sexualidad.

Si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que el orgasmo supone un estado de relajación total y de abandono de la actividad racional del neocortex, para que el hipotálamo o cerebro reptiliano como también se le conoce, del que depende la regulación hormonal, pueda realizar su contenido. Esto lo explica Michel Odent, que después de una larga experiencia de atender partos, ha observado que los partos son tanto más fáciles cuanto menos se perturbe y cuanto más se deje a la mujer abandonarse a sí misma en ese trance.

Por otra parte, el parto no es un acto sexual cualquiera: es un gran esfuerzo físico, un acto en el que se tiene que volcar toda la energía del cuerpo de la mujer; todos sus órganos tienen que hacer al unísono un esfuerzo especial: el corazón, los pulmones, etc. Por eso, más que en ninguna otra actividad sexual, el parto y el nacimiento necesitan un especial apartamiento y un especial entorno psico-afectivo para la mujer, de un grado de recogimiento, de confianza y de intimidad tal, que haga posible que el neocortex deje de inhibir el hipotálamo.

En zonas remotas de Asia Central – donde los médicos se encuentran muy lejos -, la mujer que está de parto se encuentra rodeada de mujeres que le hacen bailar danzas antiguas para movilizar su vientre, relajándola con sus movimientos rítmicos ondulantes para que también ella se mueva a favor del cuerpo en lugar de moverse contra él, logrando una sensación de excitación sexual. Cuando la mujer se excita sexualmente, el útero empieza a latir, despertando su “segundo corazón” o “corazón fetal” – según sus tradiciones -, pero un poco más lentamente; como una ameba que se contrae y se expande.

La similitud entre el útero y el corazón también la establece Leboyer, pues ambos órganos están formados por tejido muscular y ambos laten; uno continuamente, el otro, con la excitación sexual; ambos tienen su ritmo, su pulso, y de él depende la eficacia de su fisiología; y ambos tienen un enemigo; el agarrotamiento y la crispación muscular, o sea, el calambre.

Cuando las mujeres recuperan un poco la conciencia y la sensibilidad del útero, pueden percibir y sentir su latido. Con cada latido el útero se extiende y desciende, como un movimiento ameboide, hasta hacerse incluso visible desde el exterior en estado de excitación fuerte.

Este palpitar del útero son los movimientos rítmicos de su tejido muscular impulsado por la emoción erótica; lo que desde nuestra perspectiva patriarcal que ha eliminado el deseo de la función reproductora, hemos convertido en “contracciones”. La emoción erótica hace palpitar el útero suavemente, de modo placentero y mucho más eficazmente que la oxitocina química inyectada en vena.

Dejándose llevar por la emoción erótica, las mujeres pueden, al igual que otras hembras mamíferas, “empujar” los músculos uterinos, en el momento de la diástole de su latido, ampliando su onda expansiva, moviéndose a favor del cuerpo y del nacimiento en lugar de moverse contra él.

Cuando el latido del útero se convierte en los espasmos violentos de los partos dolorosos, no solo los sufren las madres, también la criatura que esta dentro de ella. Por eso decía Reich que los úteros espásticos – explicitando que son la mayoría desde hace siglos – son los que producen nacimientos traumáticos.

En definitiva, el nacimiento es un acto sexual que se realizaría con la máxima gratificación del placer para las criaturas humanas, si la sexualidad de la mujer que pare no estuviese destruida.

Es por esta razón, que el útero, es aún hoy día un gran desconocido; pero recuperar la sensibilidad del útero es posible.

Cuando una niña llega a la adolescencia tiene el útero tan rígido y contraído, que hasta la mínima apertura del cervix para la menstruación le produce fuerte dolor, lo sé porque mi hija era una de ellas. Pero, a pesar de que tenia reglas muy dolorosas, ha logrado dejar de tenerlas después de adquirir conciencia de su útero, sintiéndolo y relajándolo mediante la práctica – casi diaria -, de una serie de ejercicios relacionados con el Taiji y el Qigong similares a los que yo personalmente realizo a diario, y que, al principio – lamentablemente – tuve que imponerle para que los realizara; pero que luego, como le hicieron bien, comenzó a realizarlos sola cuando siente que le esta por llegar la regla.

Para que nuestras hijas – y porqué no, también las madres – recuperen la sensibilidad uterina, la primera cosa que hay que hacer es explicarles desde pequeñas que tienen un útero, para qué sirve y cómo funciona; ese debería ser el rol de la madre. Explicarles que cuando se llenan de emoción y de amor, su útero palpita de placer. Tenemos que recuperar con ellas los antiguos ejercicios del vientre, para que cuando lleguen a la adolescencia no tengan reglas dolorosas, sino que se sientan en ese estado especial de bienestar.

Ampliar la imagen clickeando en ella.

Tu comentario nos importa, opiná por favor:

1 Comentario en “Relajación uterina a través del Qigong”

  1. Federico en julio 26th, 2010 10:17

    Aclaración del tiempo 4:2:4 de la primera serie:

    Los latidos se refieren al de su ritmo cardíaco.

    4 latidos para inspirar,
    2 latidos reteniendo el aire,
    4 latidos para expirar.

    PD: Me había quedado en el tintero.

    Un abrazo,

    Federico Fava

Opiná al respecto...
Si querés mostrar una foto en tu comentario, lo podés hacer con Gravatar!





  • Comentadores del Mes

    • Top Commentator Award Tai Chi en Uruguay Tai Chi en Uruguay (6)
    • Andrea Galeano Andrea Galeano (1)
    • Brenda Brenda (1)
    • Germán Germán (1)
    • Nahir Gricel Nahir Gricel (1)
    • Noemí Noemí (1)
    • Noemi Iraola Noemi Iraola (1)
    • Sara Sara (1)
  • Comentarios recientes

    • Tai Chi en Uruguay:Sará, ojalá muchos de los que hoy andan desorientados por la vida, llenos de odio y rencor, presten atención...
    • Tai Chi en Uruguay:Hola Andrea, te recuerdo bien, gracias por visitarnos y por tus apreciaciones, con respecto a los horarios,...
    • Andrea Galeano:Hola Ernesto,en primer lugar felicitarte por lo que publicas y por lo que veo tu gran dedicación como siempre....
  • Síguenos en:

    Facebook
    Twitter
    Youtube