TAI CHI en el trabajo con adictos.

Septiembre 2, 2008  
Publicado en Artículos

Hoy, buscando material para una propuesta que estoy armando, me re-encontré con un material que preparé ya hace un tiempo a pedido de un colega que estaba trabajando en la creación de un centro para el tratamiento de las adicciones y estaba interesado en incorporar el Tai Chi a la misma.

En la introducción de la propuesta intento esbozar algunas de las razones que a mi modo de ver, justifican ampliamente la incorporación de la práctica de Tai Chi al trabajo con adictos.

Haciendo un alto en el camino de mudar esta página, quisiera compartir este material; lo haré por partes porque quedó algo extenso.

Ernesto

Tai Chi

…un Camino de Retorno al Equilibrio

Propuesta para el trabajo con adictos.

Introducción

Estamos siendo testigos a una de las mayores pandemias de los últimos tiempos, y como siempre ha sucedido, el común de la gente, -incluidos el común de los profesionales y autoridades sanitarias-, cuando algo aterra, prefieren mirar para otro lado con la esperanza de que al volver la cabeza, lo espantoso haya desaparecido.

Del mismo modo que las dos guerras mundiales, al decir de Jung, “demostraron fehacientemente que el llamado mundo “civilizado”, poco tenía de civilizado” pero sí mucho de bárbaro; el actual suicidio colectivo global, que especialmente los jóvenes están ejecutando a través del consumo de drogas legales e ilegales como método preferido, demuestra que la panacea de la tecnología, el progreso y la superabundancia no era tal.

Teniendo en cuenta la creciente barbarización y deshumanización global, la incapacidad de los hombres para llenar el vació existencial, y la búsqueda frenética de cualquier cosa que ayude a paliar la sensación endémica de miseria interior, por mencionar sólo algunas cuestiones generales, deberían ser suficientes estímulos para que algunos pocos, de los hombres y mujeres que dicen ser libres pensadores, se tomen el trabajo de reflexionar seriamente sobre su propia actitud ante tales problemas como para mitigar la inacción general.

La burbuja se ha roto, ¡y ahora… ¿qué hacemos?!! Para muchos países, ya hace mucho que se alcanzó la meta del bienestar económico, y aún así, los dramas del alma humana que se suponía iba ha resolver dicha supremacía económica, siguen tan campantes.

Ya en 1916 Jung señalaba:

“La psicología del individuo corresponde a la psicología de las naciones. Lo que las naciones hacen, eso hace el particular, y en tanto lo hace el particular, hácelo también la nación. Sólo el cambio en la actitud del individuo inicia el cambio en la psicología de la nación. Los grandes problemas de la humanidad nunca se resolvieron por leyes generales, sino siempre únicamente por renovación de la actitud del individuo. Si ha habido un tiempo en que la meditación interior fuera de absoluta necesidad y de extrema conveniencia, es, sin duda, en nuestra época actual, preñada de catástrofes”.

Y en este sentido, así como la drogadicción, sin lugar a dudas representa fielmente otra de las grandes catástrofes que ha tenido, tiene, y que por largo tiempo tendrá que soportar el mundo, el Tai Chi representa otra poderosa herramienta que tenemos a nuestro alcance para lograr la necesaria meditación interior que señalaba Jung.

El Tai Chi en los últimos tiempos ha alcanzado tal auge, especialmente en Occidente, que cabría preguntarse, ¿por qué justo en nuestra época y después de casi dos mil años de existencia, este Arte conquista cada vez más practicantes?

La respuesta lejos de ser antojadiza, es coherente en si misma. El Tai Chi “basado en una profunda filosofía práctica”, combina ejercicios físicos, mentales y espirituales, y al no haberse desarraigado de su rica y milenaria historia, propone, -al que busca con sinceridad un cambio profundo en su vida-, un camino práctico y vivencial, que da respuesta a muchas de las preocupaciones humanas más apremiantes.

Los practicantes de Tai Chi, si perseveran, tarde o temprano comienzan a descubrir, y vivenciar los beneficios, no sólo en forma de bienestar físico por el hecho de ejercitar el cuerpo, sino también en forma de un positivo cambio de actitud personal frente a los diversos problemas que nos plantea el diario vivir, consecuencia directa de la profunda transformación psico-espiritual que la propuesta filosófica y el método terapéutico del Tai Chi despierta.

La búsqueda del equilibrio, la armonía y el bien-estar, o en otras palabras: “la salud bio-psico-social”, es una larga aspiración de la Medicina actual, plasmada idealmente desde hace muchos años en la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud.

Por lo anterior no es exagerado plantear que la práctica regular del Tai Chi logra plasmar efectivamente este ideal en la vida diaria de todos aquellos que buscan una forma de sentirse mejor consigo mismos y con el entorno.

La Medicina Académica contemporánea ha tenido que literalmente “disecar” parte por parte al ser humano para poder estudiarlo, ha hecho del análisis su principal instrumento, y la actual super-especialización a nuestro modo de ver es reflejo de tal tendencia. A pesar de que análisis y síntesis son dos caras de una misma moneda, esta última, -al menos en la práctica clínica-, ha quedado relegada a meros postulados teóricos. No es de extrañar que la fragmentación se haga sentir a todos los niveles.

Cuerpo, mente y espíritu del hombre actual está sufriendo una fragmentación tan enfermiza que los resultados están a la vista, siendo la drogadicción actual, -desde nuestro punto de vista-, una de sus formas más grotescas.

El Tai Chi y su propuesta vivencial a través del trabajo sistemático con el cuerpo, la respiración y la mente, apunta a recomponer y fusionar las partes desconectadas, intentando pertinazmente el reencuentro con uno mismo.

En palabras de Aon el Maestro argentino del Centro del Tao:

“el Tai Chi es un Arte por el que reaprendemos el juego de ser una Unidad”,

y a pesar de que en los principiantes, cuerpo, mente y respiración están todos desconectados haciendo que los movimientos se restrinjan a las manos o a los pies, que la mente divague y sea incapaz de poner atención en lo que se está haciendo, lo mismo que sea prácticamente imposible coordinar la respiración con los movimientos; poco a poco, esta división va desapareciendo hasta que el cuerpo logra moverse con precisión y sincronía, la mente logra estar atenta a cada detalle del movimiento y el entorno, anclando la atención en el Aquí y Ahora, y que la respiración en perfecta sincronía con la mente y el cuerpo, potencie todo lo anterior, llevando a una Profunda Paz Interior y reduciendo dramáticamente los niveles de ansiedad crónica.

En nuestra experiencia de coordinación grupal con la Licenciada en Psicología Raquel Jauregui en el Hospital Saint Bois, hemos visto por ejemplo, cómo pacientes que eran incapaces de dormir sin ansiolíticos desde hacía más de 15 años, lograron en coordinación con su psiquiatra abandonar la medicación; pacientes con profundas y largas depresiones que pudieron decir por primera vez, después de mucho tiempo y de forma sostenida: “estoy feliz, me siento muy bien y con ganas de vivir”, o incluso que adultos mayores hayan iniciado un proceso de autoconocimiento al punto de admitir: “me doy cuenta que todos estos años me he estado haciendo la víctima”; también hemos visto pacientes que habiendo llegado con vicios de postura muy evidentes, los corrigieron también de forma evidente y permanente con la consiguiente modificación positiva de su estado de ánimo.

Aún cuando obviamente no logra eliminar muchas enfermedades porque no es un tratamiento médico convencional, el Tai Chi es una poderosa herramienta, que sí puede ayudar a reducir el estrés y fomentar una actitud física y mental lo suficientemente positiva, como para complementar efectivamente los tratamientos convencionales; considerando que en el caso de los adolescentes en particular, puede ser una excelente ayuda para reencauzar la autodestructiva energía manifestada en la drogadicción y potenciar el efecto del resto del arsenal terapéutico con el que hay que tratar este flagelo.

Autor: Dr. Ernesto Velázquez Del Puerto