Autocontrol y Tai Chi, ganale al estrés y sé más eficiente en tu trabajo.

marzo 21, 2008  
Publicado en Artículos

serenidad.jpgEn este artículo usted encontrará las poderosas razones que hacen de la práctica regular de Tai Chi una efectiva herramienta para ser mucho más eficiente en su trabajo.

Según Daniel Goleman:

“Las personas dotadas de esta competencia (el autocontrol):

  • Gobiernan adecuadamente sus sentimientos impulsivos y sus emociones conflictivas
  • Permanecen equilibrados, positivos e imperturbables aún en los momentos más críticos
  • Piensan con claridad y permanecen concentradas a pesar de las presiones

En cierto modo, esta habilidad es invisible porque el autocontrol se manifiesta como la ausencia de explosiones emocionales. Los signos que le caracterizan son, por ejemplo, no dejarse arrastrar por el estrés o ser capaz de relacionarse con una persona enfadada sin enojarnos. Otra muestra cotidiana de esta capacidad nos la proporciona, por ejemplo, la forma en que distribuimos nuestro tiempo. Atenernos a un programa diario exíge autocontrol.

El acto fundamental de nuestra responsabilidad personal en el trabajo es el de asumir el control de nuestro propio estado mental. El estado de ánimo influye poderosamente sobre el pensamiento, la memoria y la percepción. Cuando nos enojamos, tendemos a recordar con más facilidad incidentes que alientan nuestra ira, nuestros pensamientos giran incesantemente en torno al objeto que suscitó el enfado y la irritabilidad sesga de tal modo nuestra visión del mundo que cualquier comentario que, en otras circunstancias, sería interpretado positivamente, se percibe como una muestra de hostilidad. Así pues, el hecho de saber superar la tiranía de los estados de ánimo resulta esencial para llevar a cabo un trabajo productivo.

…Las personas más diestras en afrontar la ansiedad disponen de alguna técnica semejante a mi meditación -un largo baño, un poco de ejercicio o una sesión de yoga, por ejemplo- a la que recurrir en momentos de necesidad. Pero, esto no obstante, no implica que ocasionalmente no nos sintamos alterados e inquietos. En todo caso el ejercicio diario de una técnica de relajación parece reajustar el punto crítico que desencadena la señal de alarma de la amígdala, un reajuste neurológico que nos brinda la posibilidad de recuperarnos mas prontamente del secuestro amigdalar e incluso disminuir su frecuencia. El resultado neto, en suma, es que no sólo disminuirá nuestra vulnerabilidad a la ansiedad sino que sus ataques serán más breves.

Tomando en cuenta que al Tai Chi también se lo llama “meditación en movimiento” y siendo en su Esencia el primo-hermano del Yoga, se comprenderá que entra en el abanico de herramientas a las que poder recurrir para optimizar nuestra respuesta al estrés.

Cómo ya comenté en otro artículo, si bien el Tai Chi es un Arte Marcial que hoy a ganado popularidad por sus beneficios terapéuticos, la esencia del entrenamiento sigue siendo la misma que hace cientos de años, templar el Espíritu del Guerrero para que esté en condiciones -más que de pelear- de evitar la lucha.

Si al practicar Tai Chi priorizando tanto sea su aspecto marcial, terapéutico o artístico, no se pierde de vista ninguno de los tres, inexorablemente se llega comprender y finalmente practicar una de las enseñanzas de Lao Tse:

Un verdadero jefe militar no es belicoso.
Un verdadero guerrero no es colérico.
Un verdadero vencedor no se mete en la guerra.
Un verdadero conductor de hombres se pone por debajo de ellos.
Ahí se halla
La virtud de la no rivalidad
Y la capacidad de conducir hombres.

Cuando buscamos con firme determinación, comprender, incorporar y poner a prueba en nuestra vida diaria las Enseñanzas y la Sabiduría de estos Grandes Sabios de la Humanidad, pronto descubrimos lo acertado de sus aseveraciones, y llega un punto en el que ni siquiera es necesario el “autocontrol”, porque mucho mejor que lograr “dominar o controlar” nuestras emociones negativas es lograr que no aparezcan en absoluto.

En este sentido el Tai Chi no solo va reajustando “el punto crítico que desencadena la señal de alarma de la amígdala”, y haciendo que “nuestra vulnerabilidad a la ansiedad” disminuya, sino que provoca un estado Centrado tal, que la Paz así ganada, resulta inmensamente más efectiva y productiva en términos personales y empresariales, que la agitación y aparente necesidad de hacer mil cosas a la vez y todas para ayer, que caracteríza el ambiente laboral de la mayoría de las empresas “modernas”.

Hay un abismo entre comprender cabalmente los conocimientos sobre la Inteligencia Emocional que Goleman y otros han sacado a luz con sus implicancias personales o institucionales, y poder ponerlos en práctica.

Como dice el dicho: “del dicho al hecho hay mucho trecho” y de la comprensión teórica a la comprensión vivencial a través de la acción mucho más aún, por eso es importante contar con herramientas que ayuden a llevar a la práctica aquellos conceptos teóricos que “en teoría” se han comprendido y se quieren poder aplicar.

En materia de capacitación se gastan millones de dólares cada año, sin embargo los mútiples estudios que hay al respecto concuerdan en algo, lo dificil que resulta lograr que las personas apliquen lo que se les enseña.

En términos generales, las Capacitaciones se reducen a seminarios de fin de semana o en el mejor de los casos de algunos fines de semanas al año en los que se busca “motivar” a los participantes, cosa que en la mayoría se logra.

El problema se presenta luego, cuando una vez términado el costoso seminario el participante se queda a solas consigo mismo y una cantidad abrumadora de una muy convincente información teórica. Incluso hasta las mejores técnicas para ayudar a vivenciar los conceptos teóricos que se hayan utilizado durante el seminario o taller, fallará a largo plazo cuando no se sostienen en el tiempo.

Demasiadas personas siguen apuntando a la técnica externa sin darse cuenta que el meollo del asunto está adentro de cada uno de nosotros y de que como dice Marylin Ferguson en “La Conspiración de Acuario”:

“nadie puede convencer a otro de que cambie. Cada uno de nosotros custodia una puerta del cambio que sólo puede abrirse desde adentro. No podemos abrir la puerta de otro, ni con argumentos ni con apelaciones emocionales.”

Este es desde mi punto de vista la gran falla de los seminarios de capacitación, con argumentos, “motivación” y apelaciones emocionales, tratan de convencer de la necesidad del cambio.

La cuestión es que incluso cuando los argumentos y las emociones han dado un aparente resultado consciente, seguirá siendo mucho más lo que desconocemos de nosotros mismos que lo que conocemos.

¿Cúal es la solución?, encontrar la forma de guiar a aquellos que estén dispuestos al cambio a cambiar por sí mismos.

¿Cómo se logra?, pudiendo vivenciar lo comprendido teóricamente a través de una actividad grupal que no sólo sostenga los altibajos motivacionales a los que siempre el ser humano se verá expuesto mientras aprende a caminar por sí solo, sino que ayude a reforzar periódicamente la nueva filosofía que se intenta aplicar.

Por eso, mal que les pese a los que buscan soluciones rápidas, crear un espacio regular de encuentro consigo mismo y con otros que estén en el mismo proceso, es fundamental tanto a nivel individual como empresarial.

El Tai Chi cumple con estos dos requisitos ya que el cambio no dependerá jamás de la “sabiduría” de un Maestro o Iluminado, sino del compromiso consigo mismo y con el cambio que uno haya decidido hacer. No tiene una doctrina que haya que seguir al pie de la letra y sí simplemente una práctica a través de la cual cada practicante por si mismo puede corroborar vivencialmente las Enseñanzas Milenarias en que se sustenta.

Al poder desarrollarse grupalmente, cada practicante al dar sus primeros pasos tiene la oportunidad de apoyarse en los demás como para minimizar la tendencia general a abandonar aquellos que nos saca de nuestra zona de comodidad.

En definitiva, prácticar Tai Chi regularmente -o cualquier otra técnica de meditación en movimiento o quieta-, a cualquier edad, es sinónimo de prácticar y desarrollar la Inteligencia Emocional.

Autoría: Dr. Ernesto Velázquez Del Puerto

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