Descubrimiento del Buey
julio 20, 2008
Publicado en Artículos

En entradas anteriores hemos señalado que practicar Tai Chi suponía entre otras cosas comenzar un Camino hacia el Despertar de la Conciencia, camino que ha sido ilustrado magistralmente en un texto zen muy antiguo y que conocemos como “Los diez bueyes”.
Antes de intentar ilustrar en que consiste esta tercera etapa llamada, el “descubrimiento del buey” conviene hacer una advertencia que nos mantenga alertas.
Pasar de la enajenación de si mismo ha comenzar a vislumbrar que hay “algo más” por encima de tanto materialismo y “vacío existencial” ya es bastante, pero tan solo es el primer paso.
Nuestro ego, sin lugar a dudas no dejará de luchar para evitar a toda costa que sigamos avanzando, sabe perfectamente que nuestro avance por este Camino supone una transformación no exenta de “sacrificios” y que uno de los mayores sacrificios que se le exigirá a quien quiera seguir avanzando, será la muerte del ego.
Dada esta circunstancia, no es de extrañar que algunas personas sufran de verdaderos ataques de pánico, expresión externa del profundo miedo que provoca el estar a punto de des-cubrir quienes somos realmente.
Cuando el “personaje” con quien nos hemos identificado durante la mayor parte de nuestra vida deja de ser funcional, cuando error tras error comenzamos a darnos cuenta que tal vez nuestra “mala suerte” tenga más que ver con nosotros mismos que con las circunstancias externas o con los demás, comenzamos a sospechar que lo que vamos a des-cubrir de nosotros mismos definitivamente nos horrorirazará.
¿Cuántos “super hombres” -o “super mujeres”-, maduros en cuanto a años y exitosos por los parámetros externos, podrán soportar sin horrorizarse la idea -y la confesión- de que mientras continúen viviendo con mamá y/o papá no son más que adolescentes asustados?
¿Cuántos “don juanes” serán capaces de admitir que bajo la excusa de “amar” a todas la mujeres, la verdad es que en el fondo las odian y les temen, y que no hacen otra cosa que buscar a “mamá” en cada una de sus conquistas al mismo tiempo de intentar prolongar la niñez/adolescencia todo cuanto sea posible como haría Peter Pan?
¿Cuántos homofóbicos serán capaces de sospechar -o directamente admitir -, que lo que en realidad les produce fobia es su propia homosexualidad?
¿Cuántas mujeres soportarían vivir realmente solas por un tiempo para conocerse mejor a si mismas y sin sentir la necesidad de encender todas las luces, el televisor o la radio apenas llegan a la casa como forma de huir del miedo profundo que provoca encontrarse consigo misma -a solas-?
¿Cuántos hombres y mujeres dejarán de culpar a su pareja por sus fracasos amorosos y serán capaces de comenzar a intuir que después de 2 o 3 divorcios algo de “responsabilidad” también deben tener?
¿Cuántos seres humanos seremos capaces de abandonar la victimización y las excusas sin sentir que se nos han pateado las muletas?
Estos son algunos ejemplos de situaciones límite que todo ser humano deberá enfrentar obligatoriamente en algún momento de su vida si quiere de verdad un cambio profundo, cambio que supone una muerte simbólica en cuanto a lo exterior pero una muerte muy real en relación a la experiencia interior.
Sin esta muerte, no hay camino nuevo posible. El “personaje” principal debe morir o al menos ir tras bambalinas para permitir que otros actores también actúen.
Hay verdaderos “actores” dentro de cada uno de nosotros que siempre han estado prontos a salir a escena para ayudarnos a enriquecer La Obra, pero que el “monólogo” narcisista e interminable del ego no había dejado Ser.
La Puerta que debemos atravesar es angosta y muy estrecha, por eso algunos deberemos agacharnos pero otros deberemos arrodillarnos. Cuanto más grande haya sido el ego, tanto más estrecha resultará la puerta para quien esté dispuesto a atravesarla.
Las huellas del buey son las que nos han llevado hasta allí, si queremos “descubrir el buey” necesariamente deberemos atravesarla. Una vez lograda la travesía el buey aparece y entonces comenzamos a comprender el profundo significado de estas imágenes primordiales:

Ilustración tomada de Lo de Rosa y Miguel
Un ruiseñor canta en la enramada,
el sol brilla sobre los ondulantes sauces.
Ahí está el Buey ¿dónde podría esconderse?
Esa espléndida cabeza, esa majestuosa cornamenta,
¿qué artista podría pintarlas?
Porque como señala Rodolfo Román en uno de sus libros:
“Si escuchas con cuidado los sonidos cotidianos alcanzarás la realización y, en ese mismo momento serás capaz de ver la Fuente. …Cuando la vida Interna se enfoca adecuadamente, uno llega a comprender que aquello que se ve es idéntico a la Fuente verdadera”
Autor: Dr. Ernesto Velázquez









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